Al norte de Carrillo Puerto, camino a Valladolid, se llega a la desviación que conduce a Xcacal, corazón religioso de la Zona Maya. Aquí viven los mayas que con más tenacidad defienden su autonomía y conservan la "Cruz Parlante", a la cual rendían culto los mayas rebeldes y que a su caída extrajeron de Chan Santa Cruz para esconderla en la selva, hasta que se le instaló aquí, en su nuevo santuario.
La iglesia permanece cerrada, excepto durante las festividades religiosas. La Cruz no está a la vista. Se mantiene en "La Gloria", área demarcada por un muro al fondo del templo, sobre una especie de altar y cubierta por velos. Los extraños sólo pueden entrar al templo con permiso especial de las autoridades indígenas. Pero a nadie (ni siquiera a los propios mayas) se le permite verla Cruz. A Xcacal se le llama también Tixcacal Guardia, por deformación de su nombre original y porque el santuario es resguardado de manera permanente por centinelas armados provenientes de diversas comunidades de la zona, miembros de la milicia indígena que se turnan para custodiar la Cruz.